Feeds:
Entrades
Comentaris

Archive for the ‘old books’ Category

Manuscrit de les obres de Petrarca

“L’home al qual s’ha donat el nom de ‘pare de l’humanisme’ o ‘el primer home modern’, el poeta Francesco Petrarca, és també, no sense raó, anomenat el pare de la bibliofília moderna “.

 DAHL, Svend: Historia del libro, Alianza Universidad, Madrid, 1985, pp. 83.

 

“El libro se gasta, y en España se gasta más que en ningún otro país. En España – causa bochorno decirlo – , en muchos pueblos apartados, viejos, históricos, se enciende todas las mañanas el fuego con hojas de libros antiguos. Todavía no han pasado por esos caserones de las históricas y solitarias ciudades los bibliófilos. Se gastan los libros en España más que en ningún otro país.¿Por qué un librero-anticuario de París puede ofrecer al aficionado un libro del siglo XVI o XVII en forma irreprochable, sin un rasguño, sin una mancha, y es, por el contrario, raro que eso pueda hacerse en España? ¿Acaso los verdaderos libreros-anticuarios de París tienen más cuidado de los libros que los de Madrid? Puede ser; los libreros de París arreglan y componen el libro antes de entregarlo al comprador, lo limpian, lo encuadernan primorosamente, lo acicalan y después piden por él tres veces más que pediría un librero de Madrid. Es posible que se deba a este cuidado de los libreros la abundancia de volúmenes irreprochables en el comercio francés; pero también hay en ello un motivo más amplio y más hondo. La vida española, en los siglos pasados, ha sido más dura y áspera. La guerra ha absorbido todas nuestras energías. El medio español – físico y moral – es otro. El libro era peor tratado que en Francia. No hablamos de las grandes bibliotecas, sino del volumen corriente, del libro que es llevado por la casa de una parte a otra. Esos libros son los que constituyen el fondo de las librerías de viejo. Y si esos libros, generalmente, en París se hallan limpios e íntegros, en Madrid es raro hallarlos sin desgarrones, manchas y remiendos. El libro viejo es un índice de cultura. Lo es en cuanto al estado material de los volúmenes; y lo es en cuanto a la clase de libros que se encuentran en las librerías de viejo.¿Qué libros franceses, por ejemplo, se han leído más en España durante el siglo XVIII? Examinad los puestos de libros viejos; tendréis, repasándolos, una imagen de la mentalidad, del gesto, de las direcciones del público español en aquella época. ¿Que autores españoles ha preferido más el público español en la primera mitad del siglo XIX? Daos una vuelta por las librerías de viejo; veréis palpablemente cómo la literatura es especulación mental de minorías selectas, y cómo son las minorías selectas las que crean, a la larga, los valores literarios, y no las grandes masas de lectores: grandes masas que son las que leían estos millares y millares de libros anodinos, deleznables”.

Article: “En la feria de libros viejos”, Azorín a ABC Madrid del 11 d’octubre de 1922, p.3

http://hemeroteca.abc.es/nav/Navigate.exe/hemeroteca/madrid/abc/1922/10/11/003.html 

Cuesta Moyano ( anys 20)

 

Anuncis

Read Full Post »

“Qui estima el llibre, pren a la mà, amb un sentiment de pacífica familiaritat, l’objecte que porta aquest nom, impressió sobre paper i enquadernat en tela, cuir o pergamí. El sent com si fos una criatura, que s’honra i es cuida, feliç de la seva concreció material. No només constitueix per a ell un mitjà per aconseguir un objectiu, encara que sigui el més espiritual, sinó una cosa plenament perfecte en si mateix, ple de múltiples significats i capaç de donar en abundància.

Al veritable amant del llibre se li reconeix des del moment en què l’agafa de la prestatgeria, l’obre, el fulleja i el torna a deixar al seu lloc.”

Romano Guardini: Elogio del libro, ed. Encuentro, Madrid. 1998.

 

“ He dejado para lo último lo que yo califico de superbibliófilo, o sea el que, enamorado en extremo por los libros raros e importantes, de tal forma los estudia y admira que llega a grabárselos en su imaginación y siempre puede recrearse mentalmente con ellos, y por eso le es fácil describirlos exactamente y aun recitar páginas enteras de los mismos, como ocurría con D. Marcelino Menéndez y Pelayo, don Jaime Ripoll y otro muy conocido, que no nombro por ser muy allegado familiar, a quien yo he visto semanas enteras sin separarse de un libro estudiándolo y leyéndolo, hasta que conseguía asimilárselo en forma que ya no le interesaba y la enajenaba, y esa era la razón porque en cualquier momento podía describirlo como si lo tuviera delante, lo mismo que el genial artista graba una imagen en su cerebro, que luego, si tenerla delante, la traspasa maravillosamente a un lienzo.

 

Francisco Vindel: Los Bibliófilos y sus Bibliotecas ,reedició no venal editada per LIBRIS    per a la IV Feria de Otoño del Libro Viejo y Antiguo, Madrid, 1994. Original: conferència a Madrid el 1934, pp.12-13.

 

Read Full Post »

“ S’han preguntat alguna vegada d’on surten tots els llibres que volten pel món? Jo, com a restauradora de llibres de professió, encara em meravello quan penso la facilitat amb què es creen volums i més volums avui dia, si es compara amb els mètodes de fabricació dels segles passats. Trobem edicions noves i de segona mà, de col·leccionista, llibres a un euro, llibres de préstec, d’altres que s’abandonen al carrer… Petits embolcalls de coneixements sense els quals les cases semblen buides d’algun element, com si fossin part de l’ànima dels seus habitants. Però d’on van sortir, els primers llibres? Anem enrere en el temps fins als orígens de la nostra cultura llatina per esbrinar-ho.

Durant l’Imperi Romà la majoria de textos s’escrivien en rotlles de papir i pergamí. A partir del segle I aC es va introduir el còdex, l’avantpassat del nostre llibre modern, fet de tauletes de fusta o làmines de pergamí unides per un dels seus costats. Ambdós sistemes coexistiren, però el còdex, associat a la tradició cristiana, s’anà imposant sobre el rotlle fins que acabà predominant cap el segle IV. A diferència del rotlle, en el còdex es podia escriure per ambdues bandes del pergamí, estalviant espai i material, fet que el feia més econòmic; també era més fàcil trobar passatges concrets en el text i, amés, com que tenia tapes que protegien l’interior, era més resistent i durador.

A l’antiga Grècia, tenir una biblioteca privada ja era un costum establert, i els patricis rics de Roma van incorporar el col·leccionisme a la seva vida quotidiana, van dedicar una de les estances de la casa exclusivament a la biblioteca. Posseir una col·lecció rica determinava un cert estatus social; encarregar llibres estava de moda, fossin quins fossin els continguts, fins al punt d’adquirir volums a pes. El filòsof Sèneca, disgustat per aquesta tendència, escrigué a De tranquilitate animi  que aquestes col·leccions només servien per ‘embellir les parets de la casa’. Una de les biblioteques privades més importants d’aquesta època va ser la Villa dei Papiri, a Herculà, amb 1800 rotlles, destruïda durant l’erupció del Mont Vesuvi l’any 79.

El Còdex. Bibliòfils a l’Imperi Romà, Carla Busquets, Blind Books, Barcelona, 2014. Desplegable ( 42×30 cms.).

 

Villa del Papiri a Herculà

χφ          χφ          χφ          χφ          χφ          χφ          χφ

 

“ El bibliómano se puede decir que es como un caso patológico del bibliófilo, que se manifiesta de varias formas; es un bibliómano el que forma una biblioteca y no consiente que nadie vea sus libros. Es bibliómano el que reúne muchos ejemplares de una misma edición de un libro. Es un caso de bibliomanía el que se cuenta de D. Bartolomé José Gallardo, que iba a la Biblioteca Nacional acompañado de un criado, que dejaba en un patio, y luego, so pretexto de que no veía, se hacía sacar los libros junto a una ventana, por la que distraídamente echaba al criado algún libro que le interesaba y se lo llevaba a su casa. Otro caso de bibliomanía es el de un bibliófilo, ya fallecido, que estando en una librería en que se acababa de hacer una compra de libros, en que se encontraba un ejemplar de la corta tirada de la Historia de San Vicente de la Barquera por Leguina, y al ver entrar a otro bibliófilo que le podía disputar la adquisición del libro, no dudó un momento en guardárselo en el bolsillo. El libro fué activamente buscado por el que había entrado, y al no encontrarle y reclamarlo tuvo un dependiente que manifestar donde se hallaba el libro, pues había visto al que se lo guardó, y entonces éste confesó que lo había hecho para que el otro no lo viera y adquirirlo él después. Otro bibliófilo vió en casa de un encuadernador dos ejemplares de un mismo libro raro, pero de escaso valor, y dijo al encuadernador que viera si conseguía del propietario de los ejemplares le cediese uno, y la contestación de éste fué: ‘ Dígale a don Fulano que si a él le sobra un millón de pesetas a mí también me sobran, pero en cambio yo tengo dos ejemplares de un libro que él no tiene ninguno’.

Fco. Vindel: “Los Bibliófilos y sus Bibliotecas” , reedició no venal editada per LIBRIS per a la IV Feria de Otoño del Libro Viejo y Antiguo, Madrid, 1994. Original: conferència a Madrid el 1934, pp. 9-10.

 

Read Full Post »

“ El llibre és la més bella criatura feta d’home. Vull dir el llibre encara clos, a punt de llegir. Ep, no tinc bibliofília. M’estimo més un llibrot que una edició príncep. Encara enyoro aquells feixos malgirbats, que començaves a llepar tot tallant les planes, mentre una ratlla qualsevol et feia l’ullet.

Als temps mataperencs, Terrassa tenia botigues de llibres. A la Fontvella hi gallejava la de “Teoría textil” fent-se-les amb el Rey Pastor del “algoritmo de los cumulantes”. Passava de llarg, la meva carcanada tísica, prou fraccionada, no estava per “fraccions continuas”.

Bé. Deia que a Terrassa hi havia botigues de llibres. La majoria eren catòliques, catòliques de Terrassa, per als néts de la tia Conxa. Els jesuïtes hi tallaven el bacallà sobre si “bailamos o no bailamos”, fent-me tremolar el cognom.

Entre el botigam, hi havia una llibreria de mena. Fent el compliment, t’hi rebien les Sugerencias del padre no sé qui.S’hi pansia sant Joan de la Creu, “más digno de ser admirado que imitado”, com deien.

Allò era la façana. A dintre, mestre Grau era feliç quan li demanaves Shakespeare o el Dante. Ni guaitava el prestatge, sabia on eren. Vet ací que vaig demanar-li el Hamlet. No, no volia l’Astrana Marín, volia el Morera i Galícia, en català. Tal com anàvem llavors, demanar un llibre en català era tan herètic com creure que podien anar al cel les mossetes de genolls vistents. L’home se’m va endur amunt, entre la munteguera em va trobar el llibre. “Només tinc aquest”. Va dubtar. “Tracta’l bé”. Mestre Grau s’estimava els llibres, un per un.

A la plaça del Comú d’Assís també hi ha una llibreria de llibreter. No, no volia llibres de turista, voldria remenar. Em va deixar remenar, fins va donar-me un tamboret. Em vigilava. Jugàvem a la campaneta-la-ning-ning. Fred, calent. Havia trobat el Sabatier. Fred, calent. Havia trobat el Jörgensen. “Els tenia amagats perquè no se me’ls enduguessin”. Li recava. “Se’ls pot endur, vosté és de fiar”.

Vaig tornar a Assís. Vaig pitllar-li la llegenda de santa Clara i un llibretot espellifat com un bon franciscà amb la llegenda dels tres companys.

Sóc on anava. A Barcelona hi ha milanta botigues de llibres. Tinc entès que en alguna superbotiga te’ls pots endur amb uns calçotets i un raspall pera les dents. M’ho han dit de cert. També m’han dit de cert que en una botigassa llibresca t’encolomen llibres a cent peles. Cent peles. M’esborrona imaginar-me el Francesco i mossèn Tronxo entaforats, avergonyits, en aquell camp de concentració.

Poques llibreries i pocs llibreters entre tanta botiga. Hi havia una llibreria de bon veres al carrer de Bergara, on mestre Joan em sabia la flaca de l’Agatha Christie i la pell de gallina amb segons quins teòlegs. Quan en remenava d’aquests, solia aconsellar-me. “Aquest ni te’l miris, aquest altre t’anirà bé”.

Ben segur que no s’havia llegit tota la corrua de volums, però, llibreter de raça, els coneixia per l’olor.

Després, la Llar del Llibre, una veritable llar del llibre, va raure al barri vell. Omplint una església, feia la llibreria més bonica que al món sia. El temple conservava l’escalfor i l’olor d’encens que li donaven els llibres. Mestre Fàbregues hi vivia a ple. Diu que ha de tancar, Déu meu.

Em va doldre l’ànima amb la cremada del Liceu.

Incendi Liceu 1994

Més, molt més, em dol d’imaginar-me aquelles portes de llar closes.

Ai, Joan, algun rampinyaire se’t vendrà els llibres a cent peles.

No hi puc fer res. No sóc milionari.

Tan sols puc planye’m amb tu.

 

Arrticle:”Llibres i llibreters”, de Josep M. Ballarín i Monset, en el diari AVUI, el 14 d’agost de 1994.

 

Biblioteca d’Alexandria

“ Durante los siglos XIV, XV y XVI toda la literatura consistía en la erudición; es decir, en los trabajos de los sabios, intérpretes y comentadores que publicaban y explicaban los tesoros de la antigüedad.

En la Historia de las Bibliotecas es preciso remontarse a la de Alejandría para tener algún conocimiento de libros.

Con el descubrimiento de la imprenta crecen las Bibliotecas, tomando una gran importancia, y por esto es indispensable que se estudie la historia de la imprenta hasta llegar a las verdaderas dinastías de los impresores célebres.

Viene después la Biblioteconomía, que es la ordenación de los libros bajo un sistema dado de clasificación, pudiéndose incluir en ella la descripción de los mismos, o sea, la Bibliografía.

La Bibliología necesita del auxilio de varias ciencias, como son: la Cronología, la Historia, la Lingüística y la Paleografía, ramo de la Bibliología en cuanto estudia la escritura de los códices y libros manuscritos antiguos.

En los tiempos antiguos han existido varias obras bibliológicas, en Roma, por ejemplo, y aparte de éstas podemos hablar de otras que existen, como la de Focio, patriarca de Constantinopla, titulada Myriobiblion, sive Bibliotheca librorum quos Pholius patriarcha constantinopolitanus legit et censuit.

 

Este libro se compone de extractos de 279 obras que Focio leyó durante su embajada en Asiria. Ha sido el primer ensayo y tenido por mucho tiempo como el modelo de obras críticas y bibliológicas. El más ilustre sabio del siglo IX no hizo otra cosa que reunir materiales, que tienen para nosotros la ventaja de hacernos conocer los escritos de la antigüedad y de señalarnos que sin él se hubieran perdido. De aquí la importancia arqueológica de su repertorio bibliográfico. No reina orden ni método en esta composición inapreciable. En general, el mayor número de libros de que Focio nos da noticia y de los que ha dejado extractos, pertenecen a la teología, decretos synodales y disputas religiosas, ocupando la literatura profana un lugar secundario, sin que esto quiera decir haber omitido las producciones de historiadores, filósofos, oradores gramáticos, geógrafos, matemáticos y médicos, que Focio incluye en su Biblioteca.

Article: “ Bibliología. Su concepto y fin”, de Baldomero Diez y Lozano, a la revista El Bibliófilo, nº 2, de desembre de 1945, pp. 5-6.

 

 

Read Full Post »

“Des del naixement de la impremta, les fires van ser un lloc important en el procés de comercialització del llibre. Aquestes tenien uns privilegis que agilitaven la compravenda dels diferents productes. En concret, en el cas del llibre, suposaven els següents avantatges:

. El transport s’abaratia per que es podia aprofitar l’enorme afluència de carros amb mercaderies.

. Les transaccions eren més còmodes, a l’existir en elles els canvistes que feien factibles els canvis de moneda de diferents països.

. L’afluència de gent a aquestes fires augmentava les possibilitats de compra.

. Els llibreters i impressors es reunien en elles a intervals regulars, el que facilitava que poguessin saldar els seus deutes. També possibilitava que adquirissin nou material tipogràfic necessari per fondre i gravar els caràcters i anunciar la propera publicació d’un llibre assegurant que no anava a ser publicat per un altre col·lega.

Les fires més importants de l’Europa dels segles XVI i XVII van ser la francesa de Lió (Lugduni), les de Frankfurt i Leipzig a Alemanya i l’espanyola de Medina del Campo.

La fira de Lió va ser, en principi la més important, per trobar-se en un nucli comercial molt actiu que posava en contacte les mercaderies procedents de França, Itàlia, Alemanya i Suïssa. Sedes, espècies, arròs, ametlles i plantes medicinals passaven per aquesta ciutat per a ser distribuïdes a tot Europa.

Entre els privilegis que es concedien a aquesta fira destaquen:

. Es respectava escrupolosament el secret professional dels comerciants per part de les autoritats.

. No s’exigia que mostressin els llibres de comptes.

. Estava autoritzat el préstec amb interès (usura).

. Es permetia que els estrangers entressin i sortissin lliurement del regne i estaven exempts de represàlies. Els seus mercaderies no estaven subjectes a cap tipus d’impost.

La fira se celebrava dues vegades a l’any per un període de 15 dies cada vegada. Els comerciants acudien a les seves carromatos i s’instal·laven als carrers i places més cèntriques de la ciutat.

La fira de Frankfurt va adquirir importància en el transcurs del segle XVI. Es caracteritzava pel comerç de draps procedents d’Anglaterra i els Països Baixos, el vi del sud d’Europa i els productes manufacturats alemanys.

Donada la importància de la impremta alemanya, per ser el bressol d’aquest invent, la venda de llibres va acudir aviat a aquesta fira. La major part dels llibreters procedien de Leipzig, Wüttenberg i Heildelberg.

A Frankfurt es reunien en un carrer anomenada “dels llibreters”, on es podien adquirir, com a Lió, tant els últims llibres impresos, com els materials necessaris per a la fosa de caràcters i matrius.

En aquesta fira es donaven dos tipus de comerciants del llibre:

. Els que des de les portes i finestres de les seves botigues cridaven els nous títols als transeünts.

. Els quincallers, venedors ambulants, que venien almanacs, plecs solts, i imatges per tota la ciutat.

Al costat d’aquests van aparèixer també:

. Fonedors i gravadors de caràcters que venien els seus materials.

. Gravadors de fusta i coure que buscaven feina.

. Autors, que venien a veure si les seves obres tenien èxit o a trobar un editor que els publiqués la propera obra. També acudien a la recerca de treball com a traductors o correctors de proves.

Fonedor de tipus. Xilografia de Jost Amman. A: Schopper, Hartmann. Panoplia omnium artium. Frankfurt, 1568.

Però la principal novetat i aportació d’aquesta fira va ser la publicació dels primers catàlegs de llibres. El primer pas va consistir en la publicació d’un catàleg de les obres de cada editor, que ell mateix imprimia per difondre-les. Molt aviat van aparèixer també els catàlegs col·lectius. Des 1564, un llibreter d’Augsburg va començar a editar un catàleg amb els llibres posats a la venda en cada fira.

A partir de 1598 va ser el consell de la pròpia ciutat de Frankfurt qui va començar a editar aquest catàleg de forma oficial. Es publicarà sense interrupció fins al segle XVIII, convertint-se en una font fonamental per a la història del llibre i de les bibliografies.

Extret de: “El comerç del llibre“, del web http://www.hiperlibro.net, i no posa autors. La web citada actualmente no apareix a Infinet. Però avui ho he vist en castellà a: http://mural.uv.es/pacerto/trabajofinal.html , un treball de final de carrera de la Diplomatura en Biblioteconomia i Documentació de la Universitat de València, fet per Patricia Cervera Torrijo l’any 2006 i titulat:  “El libro moderno y el nacimiento de la documentacion”.

 

Read Full Post »

Nicholas Flamel

” Els llibreters de vell. Podem classificar-los així: Llibreters de vell a la moderna; llibreters de vell xapats a l’antiga, i llibreters de vells, avars.
El llibreter de vell a la moderna és al de l’antiga el que el perruquer actual és a l’antiquat barber, o la taverna al restaurant: no difereix del llibreter corrent sinó pel producte considerable i quasi sempre segur del seu negoci; en la seva tenda no hi ha res sense valor; res de piles de paper imprès; res de vendes imprevistes, però tampoc res d’estancaments totals. Obté sempre un benefici net del cent per cent sobre els llibres que compra,i les seves entrades són, com les sortides, al comptat. Oh, fortunato minium!; al llibreter de vell a la moderna no el preocupen els vals de llibreria, els protests, les fallides, ni els convenis amb els creditors.

Esfera d’Elzevir

Ha tingut la bona cura d’establir-se en un barri decent i de molt trànsit; no escull una ensenya pintada, com Nicolas Flamel tenia la seva flor de lis, Robert Etiènne el seu roure druídic, Elzevir la seva esfera i Didot la seva bíblia d’or. Tampoc deixa els seus llibres als curiosos dits dels transeünts: només en els aparadors de la seva tenda, brillen els talls daurades i els lloms quallats d’una filera d’esplèndids volums; algunes edicions antigues, ben conservades, estan exposades, i alguns gravats en fusta, d’Albert Durero, atrauen les mirades i els desitjos dels bibliòfobs. No hauria d’impedir la policia aquestes immortals temptacions que, a cada pas, renoven el suplici de Tàntal en els carrers de Paris?

Roure d’Etiènne

L’interior de l’establiment, agradablement decorat com una residència de solter, és una gran biblioteca on cadascú pot escollir la seva. Són llibres de qualitat, garantida la seva condició de complets, intactes, sense defectes apreciables; segurament, no llegits mai per ningú; DesseuilPasdeloupDerome, van posar sobre ells la seva mà i el seu signe per admiració, joia i delit dels aficionats”.

Lacroix, Pablo: “Los aficionados a los libros viejos”. Ed. Castalia, València, 1948; p. 41-42.

 

ℵ          ℵ          ℵ          ℵ          ℵ          ℵ          ℵ

 

Office de la Semaine Sainte (Paris, 1728)
Aux armes de Marie Leszczynska, enquadernat per Pasdeloup.

“ El bibliófilo – yo lo he llamado “ coleccionista de papel” parea acercarlo al común de los mortales – está siempre en tensión cinegética, como dicen que lo está el tigre en las selvas del Indostán, y es tan cruel y sanguinario como el tigre cuando se trata de defender la pieza cobrada del asedio de otros bibliófilos o de ocultar un dato a sus rivales. Pero le pierde el exhibicionismo. Todavía recuerdo lo que el poeta X me contó un día acerca de cómo había ido perdiendo una serie de libros muy cotizados de poesía española contemporánea en una época en que su amigo el poeta Z visitaba su biblioteca con frecuencia. Él no establecía una relación causa-efecto entre esas visitas y esas pérdidas, pero yo la vi clara desde el principio. Entre bibliófilos, no hay lealtad que logre resistirse a la pulsión del coleccionismo.”

Article:  “El coleccionista de papel”, de Luis Alberto de Cuenca, a la revista Mercurio, nº 136,  de desembre de 2011, pp.13

http://www.revistamercurio.es/images/pdf/mercurio_136.pdf

 

 

 

 

 

Read Full Post »

“ Com les impressions eren bones i el temps que tenien per a preparar la Fira era molt curt, ja abans d’obtenir el permís els promotors s’arriscaren a establir contactes amb els companys per a saber si voldrien parar, feren provisió de fons per a les primeres despeses i encarregaren un cartell anunciador. Donat el prestigi artístic que tenia i la bona relació d’amistat que hi havia amb ell per la seva activitat com il·lustrador de llibres i realitzador d’ex-libris, demanarem a Ramon Borrell i Pla que els ajudés. Aquest realitzà el dibuix que obriria la llarga sèrie de cartells de la Fira, avui dia molt apreciada pels col·leccionistes pel seu alt valor artístic i a la vegada testimonial.

Josep Balagué i Tarrés

 

Per a establir la Fira foren demanades a l’ajuntament vint taules de sis metres cada una, tanques, banderes, gallardets, i veles per a tapar les parades. Gairebé tot fou aconseguit sense haver de fer despeses, encara que a càrrec dels firaires foren el pagament per la vigilància nocturna, tramesa d’invitacions, cartells i treballs d’instal·lació. En conjunt, no gaire més de les catorze mil pessetes, quantitat que amb els anys ha quedat ridícula però que en aquells moments, quan molts llibres anaven a la pila dels d’una pesseta i una bona recaudació mitja diària no arribava als cent duros, semblava més forta del que molts llibreters podien acceptar. Per això es demanaren vint taules, ja que només vint agremiats – finalment foren vint-i-dos, amb els consegüents problemes d’ubicació – manifestaren voluntat de participar-hi.

Rogeli Dubà

 

Aquests vint-i-dos primers, segons un elemental planell que conservà junt amb altres papers dels temps fundacionals Josep Masegosa i que la seva filla gentilment m’ha deixat consultar, foren els següents d’acord amb la disposició de les parades a banda i banda del recinte:

Senars: 1, Josep Salas; 3, Isidre Sureda; 5, Ramon Mallafré; 7, Rogeli Dubà; 9, Josep Masegosa; 11, Josep Balagué; 13, Felip Alum; 15, Ramon Boix; 17, Gabriel Vila Muntadas; i 19; Àngel Millà, amb el seu fill Lluís.

Parells: 2, Josep Caparrós; 4, Josep Sardà; 6, Vicenç Gayete; 8, Leandre Caparrós; 10, Eusebi Arias; 12, Alfred Comte; 14, Martí Escayola; 16, Josep Dalmau; 18. Dolors Aixà; 20, Joan Balagué.

I els dos darrers, 21, Francesca Caparrós, amb els seus fills Isidre i Josep Pi i Caparrós; i 22, Josep Torradas, amb els seus fills Ramon i Pere.

 

Cadena, Josep M.: “Quaranta anys de la Fira del Llibre d’Ocasió Antic i Modern”, Gremi de Llibreters de Vell de Catalunya, Barcelona, 1991; p. 18-19.

 

Isidre Pi i Caparrós

 

Josep Sardà

 

χφ          χφ          χφ          χφ         χφ          χφ          χφ

 

 

“ Los bibliófilos creen que uno de los principales pecados de los bibliotecarios consiste en tratar a los libros como simples objetos de análisis técnico. Cuando un bibliotecario dispone de un libro en sus manos, lo que hace es un análisis completo y exhaustivo de sus elementos identificativos siguiendo una serie de reglas preestablecidas, autopsia lo denominan, así que un bibliotecario se apresura a localizar el título, autor, año, editorial… obviando en ocasiones lo que realmente todos tienen enfrente suyo. Estoy convencido que hay muchos tipos de bibliotecarios, no todos tendrán la actitud de oficinista ( o peor, de operario de cadena industrial) antes descrita, aunque si bien es cierto que un bibliotecario no tiene la necesidad de ser un bibliófilo, todos lo somos un poco claro, al admitir que amamos los libros.

La pregunta que nos debería asaltar ahora es : ¿ Y quién no lo hace? ¿ Quién se va a atrever a afirmar sin tapujos que los libros son detestables? Seguramente, algún estudiante que se horroriza ante la materia de estudio, o el libro recomendado por el profesor, pero no se atreverá, por su condición de estudiante, a renegar de ellos ( y menos de Google, claro, Santa tecnología). Sin embargo, ahora nos toca puntualizar, puesto que no todo amor por los libros tiene que ser bibliofilia, afortunadamente para nuestro bolsillo, de esta manera, el diccionario de la RAE puntualiza que la bibliofilia consiste en la ‘pasión por los libros, y especialmente por los raros y curiosos’.

Es decir, que yo por precisamente no tener ningún libro raro, aunque curioso admite un espectro amplio de tipos, no soy bibliófilo. De momento, no me ha dado por desprenderme de miles de euros, aunque se trate de un par de miles, por un libro. Sin embargo, los hay que sí lo hacen ( o no) creando una fauna dentro de la bibliofilia que, aunque difícil de identificar para el resto de los mortales, es curiosa de conocer: Bibliomaníacos… Bibliopiratas… bibliotafios…”.

Article: “Bibliofilia vs. Bibliomanía”, de Marcos Ros-Martín en el vlok El Documentalista Enredado.

 

 

 

Read Full Post »

Older Posts »